El embarazo termina, pero el intercambio biológico entre una madre y su hijo puede dejar una huella mucho más duradera de lo que imaginábamos.
Durante la gestación, una pequeña cantidad de células atraviesa la placenta en ambas direcciones. Algunas células del feto llegan al organismo de la madre y algunas células maternas pasan al hijo. A este fenómeno se lo conoce como microquimerismo.
Lo sorprendente no es solo que ese intercambio ocurra, sino que algunas de esas células pueden permanecer en el cuerpo durante años o incluso décadas.
Un intercambio celular en dos direcciones
Las células microquiméricas contienen un ADN diferente al de la persona que las alberga. Son muy poco abundantes y su cantidad varía entre individuos y tejidos, pero pueden detectarse mediante técnicas genéticas de alta sensibilidad.
Uno de los estudios más conocidos fue publicado en 1996 por el equipo de Diana Bianchi. Los investigadores encontraron células con cromosoma Y en la sangre de mujeres que habían tenido hijos varones. En uno de los casos, esas células seguían presentes veintisiete años después del parto.
El hallazgo demostró que el embarazo puede crear una convivencia celular prolongada. Sin embargo, esto no significa que todas las personas conserven las mismas células, en la misma cantidad o durante toda la vida.
¿Qué hacen esas células en el organismo?
Esta es la gran pregunta que la ciencia todavía intenta responder. Se han localizado células microquiméricas en la sangre y en tejidos como el corazón, el hígado, los pulmones o el cerebro, pero su función puede cambiar según el contexto.
En modelos animales, las células fetales han migrado hacia zonas dañadas del corazón materno y se han integrado en distintos tipos de tejido cardíaco. Estos resultados sugieren que podrían participar en procesos de reparación, aunque todavía no permiten afirmar que produzcan el mismo efecto de forma general en seres humanos.
El intercambio también ocurre en la otra dirección. Las células maternas pueden persistir en el hijo e interactuar con su sistema inmunitario en desarrollo. En un estudio con 121 pacientes con inmunodeficiencia combinada grave (SCID), se detectaron linfocitos T maternos en 48 de ellos. El resultado demuestra que estas células pueden sobrevivir, pero también que sus efectos no son siempre beneficiosos: algunos pacientes desarrollaron complicaciones inmunológicas.
¿También pueden llegar células de la abuela?
La posibilidad parece sacada de una novela de ciencia ficción, pero ya existe evidencia de microquimerismo entre tres generaciones.
Una mujer puede conservar células de su propia madre desde el embarazo en el que ella fue gestada. Años después, durante su propio embarazo, algunas de esas células podrían atravesar de nuevo la placenta y llegar a su hijo.
Un estudio publicado en 2021 analizó sangre de cordón umbilical de 28 familias y encontró células atribuibles a la abuela materna en cinco muestras. Es una prueba de que la transferencia transgeneracional puede ocurrir, no de que esté presente en todas las personas.
Un vínculo biológico que aún estamos descifrando
El microquimerismo no es una prueba científica del amor ni significa que cada persona lleve literalmente una parte permanente de su madre. Lo que sí demuestra es algo extraordinario: los límites biológicos entre dos individuos pueden ser menos rígidos de lo que parecen.
Después de un embarazo, madre e hijo pueden conservar durante años pequeñas poblaciones de células procedentes del otro. Algunas podrían intervenir en la reparación de tejidos o en la regulación inmunitaria; otras podrían no tener ningún efecto apreciable. La investigación apenas empieza a explicar qué determina cada resultado.
Fuentes: → PNAS — Male fetal progenitor cells persist in maternal blood for as long as 27 years postpartum → Circulation Research — Fetal cells traffic to injured maternal myocardium → Blood — Maternal T lymphocytes in 121 patients with SCID → EBioMedicine — Grandmaternal cells in cord blood
Si algunas células pueden acompañarnos durante décadas, ¿cuántos efectos de ese intercambio siguen ocurriendo dentro de nosotros sin que todavía sepamos identificarlos?